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La vida de cagada


<<La vida oscila, como un péndulo, entre el dolor y el hastío, que son, en verdad, sus elementos constitutivos. Se ha expresado este hecho de una manera bien extraña; después de haber puesto en el infierno todos los dolores y todos los suplicios, el hombre no ha encontrado nada que colocar en el cielo, más que el aburrimiento>>

Arthur Schopenhauer

Uno de los eventos más significativos de mi infancia, aconteció en 1992. Recuerdo que después de un sueño terrible, me desperté en medio de la noche, asustado y corrí a la cama de mis padres. Llorando, le pregunté a mi madre: ¿qué pasa cuando nos morimos?. Mi madre, con suma tranquilidad, me aseguró que todo estaría bien y que no debía preocuparme nunca por ello.

Veinte años después esa pregunta sigue persiguiéndome, quizás con más fervor  que nunca. A diferencia de las otras preguntas fundamentales de la filosofía, la respuesta a la pregunta por la muerte siempre me ha parecido la más insatisfactoria. Definitivamente no puedo decir que me siento derrotado, pero sí hay algo de cansancio por seguir buscando esta significación de la trascendencia. En ese sentido, he conseguido alcanzar cierto estado estacionario en la concepción de “duración” de Nietzsche.

La repetición tediosa del resonar de las vidas de los seres, me parece nociva y exhaustiva. Este blog es un manifiesto de este agotamiento y un escape natural a mis idas con el psicólogo; un testimonio escrito de que la vida es de cagada, y no solo eso: de una gran cagada.

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Acerca de Astroboy de Dios

Soy precandidato ciudadano a la presidencia de los Estados Unidos Mexicanos, por el partido Neokantiano de México para las elecciones de 2024. Soy fundador, ideólogo y socio mayoritario del partido Neokantiano de México, asociación política fundamentada en el imperativo categórico. De niño no soñaba con ser doctor ni astronauta, sino con erradicar el mal del 3er planeta usando nada más que la espada del augurio.

Una respuesta a “La vida de cagada

  1. Vic Zapata ⋅

    Te dejo un comment que hice en otro foro que me parece pertinente– Coincido que el énfasis que expresa el movimiento “yo soy 132″ en una “democratización” de los medios es poco útil y no sólo los desvía del camino a la consecución de verdaderos resultados concretos en materia de políticas públicas, sino que además abre la puerta a un mayor control del contenido mediático en aras de “proteger” la democracia y promover los valores de grupos específicos. El pliego petitorio de los jóvenes es un ejercicio en aspiraciones loables pero vagas y lo que es peor, en prácticamente cada punto el avance hacia la meta que plasman es incuantificable. Nadie puede negar que ciertos valores son importantes, pero ¿y qué?
    Además, como lo señalas, existen medios que son orgánicamente democráticos sin necesidad de imponer ortodoxias o tratar de exigirle a empresas, cuyos intereses son eminentemente económicos, a que adquieran dimensiones morales que no encajan y que por mucho que se expresen con el término “democratización” en su exigencia misma connotan imposición y por tanto actitudes no democráticas.
    En lo que no coincido es en la parte que dices que los intereses de los medios de información pueden ser contrarios a los intereses de la empresa y que en esos casos, la información debe claudicar.
    Es ahí donde me parece que yace el error en la conceptualización de los chavos, también. La idea no es “democratizar” porque ¿qué es democracia? ¿quién va a definir cómo se expresa una democracia en medios? ¿quién la va a imponer?
    La idea es más bien hacer hincapié en la verdadera “mercantilización” de los medios de comunicación tradicionales. Para eso hay que entender cuál es producto esencial. Para los de Yo soy 132, el producto esencial es una sustancia moral mientras que para los medios mismos es un conjunto de intereses económicos que generan imperativos de relacionamiento y acción política que ocasionan, a su vez, el déficit democrático y de transparencia que señalan los jóvenes. Tú señalas correctamente que los medios son empresas y por tanto la exigencia de una dimensión moral es absurda. Aunque no es imposible que una empresa llegue a adquirir dimensiones morales, lo hará únicamente cuando haya alguna intersección con sus intereses económicos, lo cual nunca va a existir en un modelo monopólico, por más que los jóvenes marchen mil veces a televisa o apaguen la tele durante dos días y se enarbolen los promotores de la utopía de medios democratizados.
    El producto esencial de un medio informativo es justo eso, la información, y la solvencia de la información se determina en factor de su veracidad. El producto esencial y, por tanto, interés principal de un medio informativo es la VERDAD. Ahora, no con eso quiero decir que los medios o las personas tienen que vender VERDAD, pueden decidir vender lo que quieran o promover lo que quieran, pero es ahí donde la “mercantilización” verdadera entraría en juego.
    La mejor manera de atender las expectativas del movimiento juvenil es transferir la exigencia de la verdad como imperativo moral a la exigencia de la verdad como imperativo económico. Para eso, es necesario enfocarse en abrir el mercado de telecomunicaciones a una verdadera competencia y exigir que se tomen medidas para generar las condiciones de mercado más apropiadas. Teniendo la VERDAD como producto al centro de un esquema de competencia entre varios actores, los medios informativos se ven obligados a competir por audiencias y el público decide. Con un mayor nivel de competencia, la verdad, que en tu explicación es interés informativo que puede claudicar a favor de intereses empresariales, se constituye como el MÁXIMO interés empresarial. Me vienen a la mente los ejemplos de los diarios NY Times y USA Today que hace unos años dieron amplia cobertura a casos de periodistas de sus propias empresas que se encontraban bajo investigación por aceptar chayotes y fabricar notas. En lugar de minimizar en el supuesto de que esa información fuera a afectar los intereses económicos de la empresa, ambos diarios resaltaron la información en el entendido que la única manera de competir con los otros medios que inevitablemente cubrirían esa nota era darle una cobertura mejor y más veraz a la situación.
    El cambio que se requiere no es un cambio etereo de conciencia, aunque ese deseo es loable y no debería ser descalificado, sino un cambio práctico a nivel legislativo y en la aplicación de normas vigentes. Sorprende muchísimo que el tema del espectro radioeléctrico ni siquiera se ha tocado, siendo que el control casi absoluto que dos empresas televisivas ejercen sobre las concesiones de espectro es el elemento más importante en la falta de una verdadera competencia.
    A los chavos les vendría bien una buena asesoría sobre las disposiciones de la Ley Federal de Telecomunicaciones y la Ley Federal de Competencia. En la primera, el Capítulo tercero abarca el esquema de concesiones y el artículo 16.I.E señala que las concesiones sólo se otorgarán después de una opinión favorable de la Comisión de Competencia. La pregunta obvia es ¿por qué un uso absolutamente monopólico (o duopólico, aunque decir eso me da risa) del espectro radioeléctrico, propiedad soberana de todos los mexicanos, cuenta en este momento, con la opinión favorable de la Comisión de Competencia?
    Con el conocimiento de esas leyes y las preguntas que suscitan se abre la puerta a una serie de exigencias y planteamientos prácticos, pero lo que es más importante, cuantificables y susceptibles de monitoreo y rendición de cuentas. Una cosa es que Enrique Peña Nieto diga, “claro, yo propongo y firmo democratizar los medios.” Y otra muy distinta es que se le exija que explique su postura sobre las disposiciones de una ley en vigor y su aplicación.
    Creo que el movimiento Yo soy 132 debería de replantearse el pliego petitorio. Si lo que les interesa es tener un impacto en medios de comunicación deberían de formular propuestas específicas en materia de competencia y transparencia (el ombudsman es lo único práctico que incluyeron) y hablar menos de valores y mucho más sobre el espectro radioeléctrico. No porque los valores no sean importantes, sino porque la mejor manera de que esos valores se vean reflejados es aterrizarlos con propuestas concretas que realmente constituyan exigencias para los políticos que pretenden gobernar el país.

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